miércoles, 16 de abril de 2008

Dame la mano, Abrazados no

“Dame la mano, abrazados no”, dijo ella, con la mejor cara de nada pensó el. “Sólo quiero estrellarme en vos”, mientras ella no hacía otra cosa que mirar hacia el costado más lejano. Un día se vieron juntos, con las cicatrices del tiempo puestas una y otra vez sobre la marcada y quebrada piel

“Vamos de acá, cine alemán no”, dijo ella, con todos esos brillos en los ojos que sólo ellas tienen cuando quieren. Conoció todo, lo probó con sus miedos a cuestas y no se arrepintió jamás. Nada le haría cambiar de opinión. Sólo concebía la forma original, la más pura manera de ver el tiempo pesar y pasar.

Cuando pudieron ver, también lograron sentir. Ellos sabían que era la única manera de no salir con las penas en el bolsillo trasero. No juraron por nada más. Esa fue la última vez que boquearon como peces necesitados de oxígeno. Un dolor profundo pero sabroso; gustoso y mal oliente al mismo tiempo.
“Quiero estrellarme en vos, de nuevo”, lo volvió a pensar…palabras que arrojó al cielo, justo cuando ella miraba al piso. No fueron ni cerca de uno y otro lado. Sólo se precipitaron al medio más justo para ambos, el mismo que quisieron evitar aquella vez.

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