“Dame la mano, abrazados no”, dijo ella, con la mejor cara de nada pensó el. “Sólo quiero estrellarme en vos”, mientras ella no hacía otra cosa que mirar hacia el costado más lejano. Un día se vieron juntos, con las cicatrices del tiempo puestas una y otra vez sobre la marcada y quebrada piel
Cuando pudieron ver, también lograron sentir. Ellos sabían que era la única manera de no salir con las penas en el bolsillo trasero. No juraron por nada más. Esa fue la última vez que boquearon como peces necesitados de oxígeno. Un dolor profundo pero sabroso; gustoso y mal oliente al mismo tiempo.
“Quiero estrellarme en vos, de nuevo”, lo volvió a pensar…palabras que arrojó al cielo, justo cuando ella miraba al piso. No fueron ni cerca de uno y otro lado. Sólo se precipitaron al medio más justo para ambos, el mismo que quisieron evitar aquella vez.
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